“TRABAJO INFANTIL Y ADOLESCENTE: UNA DURA REALIDAD EN EL COLEGIO SAN SIMÓN DE AYACUCHO”

El Desafío de Trabajar: Jóvenes ayacuchenses entre los libros y la explotación laboral

Por: Balcazar M. Manuel, Jara Y. Rocio

                           Fuente: Periódico La Patria

En Bolivia, miles de adolescentes enfrentan una doble carga: estudiar y sobrevivir en el mundo laboral. En la práctica, tanto chicas como chicos lidian con maltrato físico, violencia verbal y la indiferencia de instituciones que deberían protegerlos. Sus testimonios, compartidos en silencio, revelan una realidad dura: trabajar siendo menor muchas veces significa crecer a la fuerza y aprender a resistir en lugar de disfrutar la juventud.

“Historias de esfuerzo y esperanza: experiencias laborales de la juventud ayacuchense”

María, mesera desde los 13 años
“Decidí trabajar porque había demasiados gastos en casa y quería ayudar a mi mamá. Aunque mi experiencia empezó bien, ahora enfrento situaciones incómodas, especialmente con algunos clientes hombres. Lastimosamente en en el colegio eh presentado dificultades porque no siempre puedo llegar a cumplir mis obligaciones plenamente.”

Este tipo de violencia no es aislado. Según el Informe Defensorial sobre trabajo infantil y adolescente en Bolivia, las adolescentes trabajadoras están particularmente expuestas a maltrato, discriminación y entornos inseguros. De acuerdo con UNICEF, uno de cada diez adolescentes en el país realiza trabajos peligrosos o insalubres, en la mayoría de los casos sin acceso a mecanismos de denuncia ni acompañamiento escolar.

Arturo, extrabajador a los 16 años
“Fue una experiencia terrible. Me sobreexplotaban con un salario mínimo, y en una ocasión trabajé más de 10 horas fuera del horario pactado. Esa situación no siempre llegan comprender en mi colegió.”

En Bolivia, más de 700 mil menores trabajan, muchos en condiciones de explotación. Aunque la ley establece que el trabajo adolescente debe ser autorizado y supervisado por las Defensorías de la Niñez, en la práctica el 88% de los municipios no realiza registros ni seguimiento. Esto deja a jóvenes como Arturo expuestos a abusos laborales sin ningún tipo de protección.

Gustavo, trabajador desde los 16 años
“La inflación, el exceso de trabajo y la falta de seguridad hacen que cada día sea más difícil. A veces laburo más de 11 horas diarias, y eso me deja sin tiempo para estudiar o disfrutar mi vida. Los jóvenes deberían enfocarse en estudiar. El trabajo infantil debería ser la excepción, no la norma.”

En lo que va de 2025, Bolivia registra una inflación ascendente, impulsada por bloqueos sociales y escasez de combustibles, lo que ha reducido el poder adquisitivo de los hogares y empujado a más adolescentes a incorporarse al mundo laboral.

Una realidad preocupante

La mayoría de los estudiantes entrevistados narran experiencias marcadas por injusticia y desgaste físico y emocional. Solo quienes trabajan con conocidos de la familia parecen escapar parcialmente de este escenario adverso.

El futuro laboral de los jóvenes de la U.E. San Simón de Ayacucho y en Bolivia es incierto. La combinación de precariedad económica y falta de regulación efectiva deja a muchos adolescentes en situación de vulnerabilidad. Además, la ausencia de políticas escolares que consideren las necesidades de los estudiantes trabajadores contribuye a su aislamiento y desprotección.

El caso del Colegio San Simón de Ayacucho

En el Colegio San Simón de Ayacucho, el trabajo adolescente ha dejado de ser una excepción para convertirse en parte de la rutina de muchos estudiantes. Frente a una economía que presiona, el colegio puede ser un refugio, pero también una plataforma de transformación.

Esta realidad exige que la comunidad educativa —docentes, familias, estudiantes y autoridades— se articulen para proteger el derecho a estudiar sin sacrificios extremos. La misión del colegio, formar personas con profundo sentido crítico y social, solo puede cumplirse si se garantiza que sus estudiantes tengan tiempo, energía y estabilidad para aprender.

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